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Ángela Pérez | Directora de Financiación Estructurada de Elecnor

La internacionalización ha sido a lo largo de mi carrera una opción vital más que profesional. Desde mis comienzos en un banco de inversión, siempre he trabajado en el campo de la financiación y la inversión internacionales. A lo largo de los años, he aprendido a analizar entornos, a superar clichés y prejuicios, a respetar diferencias culturales y a flexibilizar mis puntos de vista, pero también a trasladar experiencias de unos entornos a otros y a aplicar el conocimiento caso a caso.

En esta vocación internacional jugó un papel relevante al principio de mi carrera, en los años noventa, el reto personal de demostrar que una mujer joven española podía participar con éxito en el mundo financiero internacional, marcadamente anglosajón y masculinizado. Cuando comencé, pocas mujeres estaban dispuestas a vivir fuera de España, a ausentarse de casa viajando con frecuencia y a asumir largas jornadas laborales y planes de vacaciones inciertos. Pero también añadiría que pocas empresas estaban dispuestas a confiar y promocionar mujeres a puestos de responsabilidad en entornos internacionales. Por lo tanto, es justo reconocer y agradecer a las empresas y jefes (mayoritariamente hombres) que confiaron en mí y me vieron, simplemente, como el profesional adecuado para la responsabilidad encomendada.

Para la mayoría de las empresas, la internacionalización es hoy parte de su proceso de desarrollo. Animo a todas las mujeres a que sean coprotagonistas junto con los hombres de estos procesos, sobre todo si quieren alcanzar puestos de dirección, que exigen, hoy más que nunca, experiencia internacional.

Si representamos el 50% de la población mundial, las empresas no pueden renunciar al 50% del potencial directivo, de gestión y de formación, así como a las capacidades intelectuales que aportan las mujeres. Además, se benefician de las capacidades directivas femeninas que incluyen rasgos como la empatía, la capacidad de resolución de conflictos y la gestión colaborativa, todos muy necesarios en entornos internacionales definidos por la diversidad.

Las empresas tienen que evolucionar en tres aspectos clave para incorporar más mujeres a sus procesos de internacionalización, principalmente, a los puestos de liderazgo: el primero es acabar con ideas preconcebidas sobre una general supeditación de las inquietudes profesionales de las mujeres frente a opciones de realización personal; el segundo, dar la flexibilidad y los medios necesarios para que mujeres y hombres se sumen al negocio internacional sin renunciar a una vida personal equilibrada; y en tercer lugar, acabar con la brecha salarial y los techos de cristal, de forma que más mujeres se sientan tan incentivadas como los hombres a sumarse a la aventura internacional.

Con todo esto, la conciliación sigue siendo un reto y cada una de nosotras todavía tenemos que librar nuestra propia batalla personal. Invito a todas a adquirir valor y enfrentarse a los desafíos que la internacionalización implica, un camino tan complejo como lleno de oportunidades.

*Esta publicación forma parte de 'El liderazgo de las mujeres en la internacionalización' que está disponible en la Memoria de Actividad y Sostenibilidad 2020 de COFIDES.